¡Nace en estas ganas!
¡En esta carne que conoces y devoras,
con lento desenfreno,
desde este ombligo donde entierras
tu lengua mojada de ácidos cuerpos!
Nieve redonda que le huye a la sal
para penetrar en el azúcar de mis vísceras,
alimenta mi sed con tu amarillo intenso
que huele a cemento y sabe a tu árbol.
Resucita desde el lago donde Narciso se partió en dos
para encontrar sus pedazos cada vez que tú y yo
hacemos chocar planetas.
Mátame en tus túneles profundos y oscuros
que lamen cuando me entierras tus puñales de niebla.
Vamos a morir y nacer en el musgo mojado
del espejo que habitamos.
Morir y nacer tantas veces,
hasta que el plan ya no exista.