Hijo mío:
soy tu padre
que te amamanta
con los ojos abiertos
de lunas blancas
como la ceguera.
Padre mío:
soy el hijo
de tus entrañas polvorientas
y llenas de saliva dulce.
Amigo mío:
soy tu espejo
hasta donde quieras
que refleje el frío
oscuro y traslúcido
de nuestros sueños.
Hermano mío:
soy el semen que te baña
para cantarte una nana
que te despierte
y haga fértil tu tierra.
Esposo mío:
porque algún día
caminaremos por ahí
recolectando travesuras
amargas y saladas
entre cunetas, baños y cruces
que nos tatúen más heridas
para lamerlas con desespero.
Porque eres todos
y todo lo que quiero que seas
en esta carne,
en esta lengua,
en estos chorros tuyos
que me marcan
como quiero
que nos dibujemos
en la sangre que nos fecunda.