Caen lentas
Como alas de mariposas
Fulminadas por tu vientre
Cuando se consumó el adiós.
Llueven en silencio
Rozándome la espalda
Escarchando la vitrina
Donde yace mi canción
Hay fuegos que no terminan,
noches dormitándose en tu almohada
Hay suspiros que respiran en mi nuca
La que dejaste encima de tu mesa
Huelo tu mástil calcinado
En fogatas de canela adormecida.
Sabe ahumada la miel entre tus dientes
afilados dibujando mi perfil.
Allí donde imaginé amaneceres
que hoy se deshojan desde el cielo
en esta ciudad que huele a fuego
al musgo abrasado de tu fe.