Por: Pablo Arroyo León
“Lights up in Washington Heights”. Se apagan las luces, se siente la clave vibrar en el Choliseo y en cuestión de segundos, el lugar se transforma en las coloridas calles de Washington Heights, Nueva York.
En ese barrio neoyorquino, donde hasta 2019 un 67.9% de su población se identificaba como Latina, transcurre la historia que estrenó en Broadway en 2008 de la pluma de Quiara Alegría Hudes y Lin-Manuel Miranda.
“In The Heights”, el musical –ganador de cuatro premios Tony y múltiples reconocimientos– estrenó su adaptación cinematográfica en junio pasado y desde el 16 de septiembre se presenta en el Coliseo de Puerto Rico.
Durante tres horas, fuimos una sola voz
Desde que se escuchan los primeros acordes de la introducción, la energía cambia en el Choliseo. No sé si es el hecho de retomar las presentaciones multitudinarias de teatro luego de año y medio de cierre pandémico o el hecho de que esta historia en particular expone nuestro orgullo boricua como pocas otras.
La música, las historias de superación, de alegrías, de luchas y de sueños por cumplir son el espejo de nuestro contexto como latinos. Pero, hay algo en particular que nos resuena distinto a quienes nos sentimos boricuas: sobrevivir a pesar de todo.
En el barrio, la comunidad sufre la embestida de la gentrificación, la ansiedad de no poder pagar las cuentas, la incertidumbre de que en cualquier momento llegue un apagón y se nos dañe la comida en la nevera. En ese barrio –que es el tuyo, el mío y el de tanta gente– se vive para sobrevivir (como decía aquella canción de Fiel a la Vega). Quizás por eso, y por tanto más, esta pieza en particular resuena distinto en nuestra isla. Es la lucha constante de nuestra gente.
La travesía hasta el Choli
A inicios de 2020, se anunció con bombos y platillos que estrenaría una versión de “In The Heights” en el Centro de Bellas Artes de Santurce y estaría en escena durante ocho fines de semana a partir de mayo de ese año. El elenco boricua, encabezado por Éktor Rivera, Ana Isabelle, Dagmar Rivera, Tony Chiroldes, Denise Quiñones, Sara Jarque, Didi Romero, Amanda Rivera, Felipe Albors, Michelle Brava, Juan Pablo Díaz y Jasond Calderón daría vida a Usnavi, Nina, Vanessa, Abuela Claudia, Benny, Daniela, Sonny y tantos otros personajes ingeniados por Lin-Manuel Miranda. Pero, llegó el virus con sus consabidas incertidumbres, encierros, olas de contagio y la enorme marejada de consecuencias que ya conocemos. Entre ellas, la producción del musical dirigido por Marcos Santana estuvo en pausa durante meses antes de encontrar en el Coliseo José Miguel Agrelot una nueva casa. ¡Y vaya casa!
El escenario diseñado por Miguel Rosa es impresionante. Un entramado de andamios dan vida y espectacularidad al barrio de Washington Heights, permitiendo que el elenco se desplace cómodamente para contarnos sus historias. Varias pantallas de alta resolución contribuyen a darnos una perspectiva emocional a medida que se desarrolla la trama y un impecable juego de luces, cuyo diseño estuvo a cargo de Cory Pattak proveen el contexto idóneo, además de probar una vez más el calibre técnico de nuestra industria teatral.
En un formato reducido, que permite apreciar hasta el más mínimo detalle desde cada esquina del Choliseo, la música, las risas, el llanto y la lucha del vecindario se materializan gracias a un elenco impresionantemente balanceado.
La familia de “In The Heights”
Desde un Éktor Rivera que impacta por su capacidad para rapear, hasta una Didi Romero que deja boquiabierta a la audiencia con cada nota, pasando por una Aidita Encarnación que con apenas entonar tres palabras arrancó una enérgica ovación, esta versión del musical cuenta con un reparto donde cada quien brilla con luz propia.
Rivera nos presenta un Usnavi muy suyo. Mantiene la inocencia y bondad del personaje, pero le imparte un sabor único, cargado de simpatía, fuerza y ritmo.
Juan Pablo Díaz como El Piragüero da cátedra de ritmo, cadencia y carisma. Inevitablemente, hace brotar el orgullo patrio cuando se pasea con su carrito pintado con la monoestrellada, entonando sus líneas con la sabrosura única de un cocolo innato.
Heredera de una tradición musical que le viene en la sangre, Didi Romero demuestra en esta ocasión que su versatilidad no tiene límites. Sus intervenciones como Nina Rosario fueron impecables. No en balde se llevaron muchas de las extensas ovaciones de la noche.
Su colega Jasond Calderón, quien interpreta a Benny, se gradúa con honores no sólo por rapear satisfactoriamente las complejas letras que escribió Miranda, sino porque construyó un personaje capaz de generar complicidad con el público, que se se identifica fácilmente con su lucha por defender su espacio en el “hood”.
Confieso que es la primera vez que veo a Ana Isabelle sobre las tablas. Con una potente voz, energía avasalladora y coquetería le imparte su propio sello a Vanessa. Ahora bien, lo que más impresiona es su talento para el baile. En “The Club”, dejó a más de una persona impresionada con sus movimientos. ¡Brava!
Ver a Denise Quiñones transformada en la vivaracha dueña del salón de belleza Daniela fue un lujo. Era inevitable que atrajera las miradas cada vez que estaba en escena, gracias a su porte, presencia y al toque que impartió al personaje. Es refrescante atestiguar su capacidad de transformación; allí no estaba nuestra eterna reina, sino que se convirtió en la “beautician” del barrio, transmitiendo puro sabor a la trama.
Hay talentos que dejan sin palabras. Así es el de Aidita Encarnación. No hizo más que arrancar el tema “Paciencia y fe” para que el Choliseo se rindiera a sus pies. Su versión de Abuela Claudia es un conmovedor regalo de genialidad.
Sara Jarque y Tony Chiroldes —quien formó parte del elenco en Broadway— estuvieron a la altura como los padres boricuas de Nina. Jarque, una de nuestras actrices más capaces, que a lo largo de su carrera ha transitado por diversos registros, nos presentó una Camila genuina que, a ratos, nos recordó a nuestras madres: analíticas, fuertes, luchadoras, poderosas en su empatía y liderazgo. Chiroldes, por su parte, se transformó en el papá protector, que quiere ver a su hija alcanzar las metas que él no pudo lograr. Su interpretación de “Inútil” dejó al recinto perplejo.
Quisiera nombrar a cada una de las personas que contribuyó a darle vida a esta propuesta, porque, lo cierto es que no sobra nadie. El cuerpo de baile, la orquesta, el equipo técnico, cada personaje —desde quien más tiempo tuvo en escena hasta quienes apenas tuvieron una o dos líneas— brillaron de igual modo. Y es que esta propuesta no sólo sirvió para demostrar que se pueden producir grandes musicales en el Choliseo, sino para reafirmar el nivel de nuestros talentos artísticos.

Paciencia y fe
En momentos en que en Puerto Rico —y quizás en el resto del globo— cada vez se nos hace más difícil hallar puntos de encuentro, es necesario aplaudir que, por tres horas, este conjunto de gente talentosa logre que nos unamos en alegría y celebración. Esta historia es un espejo de quienes somos: gente que sueña hasta en las situaciones menos favorables, que le sacamos música hasta a las tristezas más grandes, que aunque el mundo se empeñe en demostrar lo contrario, sobrevivimos todos los días.
Es cierto que, sobre todo en eventos culturales o deportivos, el orgullo patrio se nos desborda por los poros. Pero, cuando uno ve una producción como esta, que alcanza —o incluso supera— las expectativas en todos los aspectos, ese orgullo se convierte en algo más. Uno sale del Choli con el corazón a mil por horas, con una sonrisa que no se quita, con la certeza de que cuando nos da la gana, la gente boricua (y de nuestros países hermanos latinos) podemos comernos el mundo. Esta producción de BAS Entertainment debe servir para confirmar una vez más de lo que somos capaces.
Ojalá este sea uno de muchos más proyectos que le sigan dando taller a nuestra clase artística. Ojalá como pueblo, apoyemos cada día más nuestros talentos. Ojalá sigamos asistiendo a recintos llenos, donde el arte nos reafirme que a veces basta con recordar de dónde venimos, pues para dar con el camino correcto, es cuestión de seguir luchando con “paciencia y fe”.
*Si todavía no la has visto, quedan boletos para las próximas funciones. No dudes ni un segundo que este show vale cada centavo.