Soñando

Sábado.
Las ocho en punto
y tu dedo se acurruca entre mis sienes.
Me escurro entre las sábanas
para cosechar amaneceres
en el surco de tu cuello.

Suspiras,
te miro,
me columpio en tu aurora
de destellos color rubí.

¿Eso es tu pulso?,
preguntas sin saber
que es el sonido
de un millón de huidas.

¿Cuántas despedidas
caben en el silencio?
¿Qué de amaneceres
he de morir en ti?

Todavía huelo a sal en mis heridas
de caballos marinos
que danzan entre nubes de algodón
como tus labios que me bautizan,
como las noches que ya no soy.

Son las ocho
y aunque quisiera,
no está tu cama,
no están tus besos,
ni es esta tu aurora.

Solo estoy yo
frente a tu puerta
esperando el último puerto
donde encallar la historia
que no logramos escribir.


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